Hoy se cumplen 4 años de un terrible crimen que privó de la vida a 49 niños en Sonora, en una guardería en Hermosillo, la ABC.
Tal vez, técnicamente no se trata de un homicidio colectivo. Creo que tampoco se trata de mala fortuna de esas pequeñas criaturas y sus familias, al igual que para aquellos que quedaron dañados física y mentalmente no fue cuestión de azar, como aparentemente han querido hacer creer a la opinión pública, a los que aún tienen el tema fresco.
Hubo una concertación de actos y condiciones infames y deleznables, lo peor de ello generadas, estimuladas y permitidas desde el Estado en sus diferentes niveles: ambición privada del dinero público, influyentismo, completa relajación de las normas mínimas de seguridad, violación reiterada de los reglamentos de protección civil, carencia total de sentido común al instalar una guardería infantil en el medio de una bodega y rodeada de potenciales bombas de tiempo por el manejo y almacenamiento de materiales inflamables.
Todos esos factores desataron la violencia criminal contra los niños de la guardería, que aún hoy no ha sido castigada. La subrogación del IMSS a particulares que tenían “estrechas relaciones” con el gobierno federal y estatal de Sonora, familiares de la Presidencia de la República y del Gobierno del Estado, son los responsables y culpables de tan macabro episodio, todos coludidos, protegidos y beneficiados del Status Quo imperante en nuestro país. Ya en sus tiempos lo decía Raúl Salinas, “Para qué quiero ser presidente, me basta con ser el hermano del presidente”
Han pasado 4 años, la impunidad sigue vigente por el asesinato de esos niños víctimas de un incendio provocado con el combustible de la negligencia, la corrupción y la ambición.
La ética no tiene argumentos, la legalidad y la justicia se han quedado mudas, sólo queda un montón de escombros del estado de derecho entre humeantes cenizas de leyes y reglamentos y por sobre todo eso, la desesperante impotencia de los padres de aquellas criaturas inmoladas en la piedra de los sacrificios de la corrupción.
Ante crímenes impunes de este calado, nos queda claro que la inspiración de los responsables no es otra que la completa impunidad en la que se manejan y siguen viviendo. Que su Dios los perdone, yo, no puedo.
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