Junio 5, 1989.
El ejército rojo con sus tanques durante las últimas 48 horas ha aplastado la revuelta estudiantil, en la plaza Tiananmen. Los hospitales están desbordados ante el número de heridos. Algunos han perdido las piernas, aplastadas bajo los tanques. El círculo dirigente del Partido Comunista ha dicho: "No son miles los muertos, apenas sólo son unos cuantos cientos".
La rebelión ha muerto para todo un pueblo, menos para él.
En la mañana del 5 de
junio de 1989, en Pekín, la capital china, en la Avenida de Changan, a unos
cientos de metros de la plaza de Tiananmen, (plaza de la Puerta de la Paz
celestial), un hombre, a pie, solitario, con camisa blanca y lo que parece unas
bolsas en la mano, se sitúa frente a una columna de tanques que, en formación
de combate, se dirigen hacia la plaza, a continuar la masacre a terminar con
las ideas libertarias de una generación.
En un combate tan
desigual como lo puede ser el de un ejército contra la población civil, donde
se enfrentaron balas contra gritos, tanques contra pancartas, fuerza militar
contra ideas, un largo contingente de tanques se dirige a la plaza a concluir
la intervención. Y es entonces cuando aparece el desconocido y solitario hombre
de la camisa blanca y las bolsas en la mano.
Se interpone
al avance del primer tanque; éste intenta sortearlo pero el hombre le corta
repentinamente el paso. Se detiene el tanque y con él el resto de la columna.
Durante media hora persiste en su actitud, hasta que un grupo de hombres,
vestidos de civiles, lo retiran a empujones mientras que los tanques prosiguen
su camino.
Han pasado 24 años y
sigue siendo simplemente el 'hombre tanque'. 'El rebelde desconocido'. 'El
héroe de Tiananmen'. Si está vivo, quizá alguien le haya contado que fue
nombrado por la revista Time uno de los '100 personajes más influyentes del
siglo XX' y que su acción ha inspirado revueltas desde Indonesia a Ucrania.
Pero no ha aparecido para reclamar su premio o recibir los aplausos. Unos los
sitúan viviendo en el anonimato en alguna parte de la China rural, otros en el
exilio de Taiwán y la mayoría bajo tierra, su osadía concluida de un disparo en
la nuca.
¿Alguna vez te habrás preguntado qué se siente vivir cuando se actúa convencido de que un principio está por encima de la vida propia?


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