Uno de los finales más tristes de toda la literatura universal es el final de Peter Pan:
El tiempo ha pasado y Wendy es toda una mujer.
Tiene una hija hermosa, tan hermosa como lo era ella la primera vez que pisó Nunca Jamás de la mano de Peter Pan.
Wendy acaba de acostar a su niña.
La habitación está a oscuras. De repente se abren las ventanas de par en par.
Contra el cielo estrellado se recorta la figura de Peter Pan.
- Wendy, vine a por ti. Es el tiempo de la limpieza de la primavera.
Tienes que cuidar de mí y de los niños perdidos.
Pero Wendy le confiesa que se ha olvidado de volar.
- No malgastes en mí el polvo de las alas de las hadas - le dice.
Peter Pan, que aún es un niño, no entiende nada.
Wendy le dice: - Encenderé la luz para que comprendas
Y por primera vez en su vida, que nosotros sepamos, Peter Pan tiene miedo.
Y sólo acierta a decir: - No enciendas la luz.
Esta noche encenderemos la luz, con la certeza de que si Peter Pan viene a buscarnos podremos sostenerle la mirada sin darle un susto de muerte.
Si Peter Pan viene a buscarles, no lo duden, miren su cara. Y emprendan esa urgente huida.
Y que no me entere yo que se marchan sin nosotros...
Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que me sorprenda a oscuras. Por favor, que no dé la luz,
no vaya a descubrir que suelo mentir
cuando juro ser aún ese niño.
Quién le va a contar que la gran ciudad
no dejó ninguno ninguno, ni uno vivo.
Fueron arrojados al acantilado
de la cruel favela,
huyen de las hienas, de escuadrones de la muerte.
Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que se extingan los soles, ¿dónde diablos te esconderás tú?
Mowgly coserá botas en Ceilán,
no escuchará rugir de noche a Bagheera.
Tom Sawyer reirá tras el humo del crack
si en esta redada logra salvar la vida.

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