ERNESTO CARDENAL
Al perderte yo a ti
Tú y yo hemos perdido:
Yo, por que tú eras
Lo que yo más amaba
Y tú, por que yo era
El que te amaba más.
Pero de nosotros dos
Tú pierdes más que yo:
Porque yo podré amar a otras
Como te amaba a ti,
Pero a ti no te amarán
Como te amaba yo.
JUAN GELMAN
AUSENCIA DE AMOR
Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.
Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobrecristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.
Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.
Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.
EDUARDO GALEANO
La noche
1
No consigo dormir.
Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya;
pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
2
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme, desdúdeme.
3
Yo me duermo a la orilla de una mujer:
Yo me duermo a la orilla de un abismo.
4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
OTTO RENÉ CASTILLO
Arte poética
Hermosa encuentra la vida
quien la construye hermosa.
Por eso amo en ti
lo que tu amas en mi:
La lucha por la construcción
hermosa de nuestro planeta.
LEON FELIPE
NO HE VENIDO A CANTAR
No he venido a cantar,
podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco,
ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara
en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo, en la noche
y en la sangre...
He venido a mirarme la cara
en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue,
de llanto, una gota siquiera de mi llanto.
En la gran luna de este espejo sin límites,
donde me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez
esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
y la luz con el dolor de tus ojos.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.
CESAR VALLEJO
MASA
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar…
ROQUE DALTON
DESNUDA
Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
Será que la necedad parió conmigo, la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio.
lunes, 7 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
GALEANO, 69…
Nacido el 3 de septiembre de 1940, en Montevideo Uruguay.
Eduardo Hughes Galeano o Eduardo Galeano como se le conoce en todo el mundo, sobretodo en el mundo social, revolucionario y contestatario.
Galeano el que no se queda callado, el que dijo: “Cuba duele”
Galeano el escritor de historias, el narrador de la historia latinoamericana.
Galeano el rescatador de la memoria secuestrada de America Latina.
Galeano el contestatario que dijo a Correa: “Me cuesta creerlo; ojalá no sea cierto”.
Galeano el exiliado, el descolonizador de la globalización.
Inicialmente Galeano no se dedicó a escribir, fue caricaturista en un semanario socialista llamado “el sol” y cada dibujo lo firmaba con el sobrenombre “Gius” que es la castellanización de su apellido gales Hughes, ya al empezar a escribir firmaba sus escritos con el apellido materno Galeano y a partir de ahì ha sido conocido así. Dicho a su manera: “Una noche de éstas, me di cuenta de que llamarme Eduardo Galeano fue, desde fines de 1959, una manera de decir: soy otro, soy un recién nacido, he nacido de nuevo.”
Galeano es su memoria del fuego, es sumirse en repasar cada una de las historias relatadas desde “Los nacimientos” pasando por “Las caras y las máscaras” hasta llegar a “El siglo del viento”, por ejemplo:
De Los nacimientos:
8 de noviembre de 1519
Tenochtitlán. La capital de los aztecas
Mudos de hermosura, los conquistadores cabalgan por la calzada. Tenochtitlán parece arrancada de las páginas de Amadís, cosas nunca oídas, ni vistas, ni aún soñadas… El sol se alza tras los volcanes, calles, acequias, templos de altas torres, se despliega y fulgura. Una multitud sale a recibir a los invasores, en silencio y sin prisa, mientras infinitas canoas abren surcos en las aguas de cobalto.
Moctezuma llega en litera, sentado en suave piel de jaguar, bajo palio de oro, perlas y plumas verdes. Los señores del reino van barriendo el suelo que pisará.
Él da la bienvenida al dios Quetzalcóatl:
—Has venido a sentarte en tu trono —le dice—. Has venido entre nubes, entre nieblas. No te veo en sueños, no estoy soñando. A tu tierra has llegado…
Los que acompañan a Quetzalcóatl reciben guirnaldas de magnolias, rosas y girasoles, collares de flores en los cuellos, en los brazos, en los pechos: la flor del escudo y la flor del corazón, la flor del buen aroma y la muy amarilla.
Quetzalcóatl nació en Extremadura y desembarcó en tierras de América con un hatillo de ropa al hombro y un par de monedas en la bolsa. Tenía diecinueve años cuando pisó las piedras del muelle de Santo Domingo y preguntó: ¿Dónde está el oro? Ahora ha cumplido treinta y cuatro y es capitán de gran ventura. Viste armadura de hierro negro y conduce un ejército de jinetes, lanceros, ballesteros, escopeteros y perros feroces. Ha prometido a sus soldados: Yo os haré, en muy breve tiempo, los más ricos hombres de cuantos jamás han pasado a las Indias.
El emperador Moctezuma, que abre las puertas de Tenochtitlán, acabará pronto. De aquí a poco será llamado mujer de los españoles y morirá por las pedradas de su gente. El joven Cuauhtémoc ocupará su sitio. Él peleará.
De Las caras y las mascaras:
19 de junio de 1867
Querétaro
Maximiliano
El ejército de Juárez y las mil guerrillas del pueblo mexicano corren a los franceses. Maximiliano, el emperador, se desploma en el barro gritando que viva México.
Al final, Napoleón II le había quitado el ejército, el papa le odiaba y los conservadores le llamaban Empeorador. Napoleón le había ordenado administrar la nueva colonia francesa, pero Maximiliano no obedecía. El papa esperaba la devolución de sus bienes terrenales, y los conservadores creían que iba a exorcizar a México del demonio liberal, pero Maximiliano, en plena guerra contra Juárez, dictaba leyes iguales a las de Juárez.
Un carruaje negro llega a Querétaro bajo la lluvia. El presidente Juárez, el vencedor de los intrusos, se asoma al ataúd abierto y sin flores, donde yace el príncipe de lánguidos ojos azules que gustaba pasear por la alameda vestido de charro, con sombrerote y lentejuelas.
Y de El siglo del viento:
2 de octubre de 1968
Ciudad de México
Los estudiantes
Los estudiantes invaden las calles. Manifestaciones así, en México jamás se han visto, tan inmensas y alegres, todos atados brazo con brazo, cantando y riendo. Los estudiantes claman contra el presidente Díaz Ordaz y sus ministros, momias con vendas y todo, y contra los demás usurpadores de aquella revolución de Zapata y Pancho Villa.
En Tlatelolco, plaza que ya fue moridero de indios y conquistadores, ocurre la encerrona. El ejército bloquea todas las salidas con tanques y ametralladoras. En el corral, prontos para el sacrificio, se apretujan los estudiantes. Cierra la trampa un muro continuo de fusiles con bayoneta calada.
Las luces de bengala, una verde, otra roja, dan la señal.
Horas después, busca su cría una mujer. Los zapatos dejan huellas de sangre en el suelo.
Ciudad de México
Revueltas
Tiene medio siglo largo, pero cada día comete el delito de ser joven. Está siempre en el centro del alboroto, disparando discursos y manifiestos. José Revueltas denuncia a los dueños del poder en México, que por irremediable odio a todo lo que palpita, crece y cambia, acaban de asesinar trescientos estudiantes en Tlatelolco:
—Los señores del gobierno están muertos. Por eso nos matan.
En México, el poder asimila o aniquila, fulmina de un abrazo o de un balazo: a los respondones que no se dejan meter en el presupuesto, los mete en la tumba o en la cárcel. El incorregible Revueltas vive preso. Rara vez no duerme en celda y entonces pasa las noches tendido en algún banco de la alameda o escritorio de la universidad. Los policías lo odian por revolucionario y los dogmáticos por libre; los beatos de izquierda no le perdonan su tendencia a las cantinas. Hace un tiempo, sus camaradas le pusieron un ángel de la guardia, para que salvara a Revueltas de toda tentación, pero el ángel terminó empeñando las alas para pagar las juergas que se corrían juntos.
Pequeña muestra de la enorme calidad y el gran compromiso de Galeano, La trilogía de Memoria del fuego fue escrita a lo largo de varios años y publicada en tres episodios, el primero, que publica en 1982, es Los nacimientos, constituye un esfuerzo de recopilación sobre los orígenes de los animales, las plantas, los dioses, las lenguas, las distintas formas de la felicidad y las desgracias de América, apoyado en abundantes referencias bibliotecarias.
El segundo episodio sale a la luz en 1984, Las caras y las máscaras, cubre los siglos XVIII y XIX. Y derrocha el mismo entusiasmo de respaldar su investigación en un gran acervo documental.
Al regreso de su exilio en España, en su casa montevideana Galeano escribe el tercer episodio de la Memoria del fuego, El siglo del viento. El siglo XX con sus tinos y desatinos, las hordas y las masas que a muchos como a él, nos hace sentirnos orgullosos de haber nacido en estas latitudes y en ese siglo, Galeano al final del libro señala: “Me siento más orgulloso que nunca de haber nacido en esta América, en esta mierda, en esta maravilla, durante el siglo del viento”.
Galeano imprescindible, como historiador, como desenmascarador de las mentiras oficiales, de los mentirosos oficiosos y fundamentalmente como un referente del hacer y el pensar, del decir y el concretar, su congruencia lo hace indispensable a la hora de indagar sobre la otra historia que no es contada en los libros, al buscar informarse sobre la realidad real que nos oculta el sistema, la máquina como él la llama; textos que ilustran lo que se oculta o muchas veces lo que no se quiere ver, todo ello con un dejo poético en sus letras.
Cronista omnipresente de los hechos trascendentes de este mundo chambón y jodido, lo mismo en el Foro Social Mundial, en Cuba con el Che, en Chiapas con Marcos, en Chile antes y después de Allende, en Caracas con Chávez, en el encuentro de escritores por la tierra, en la Nicaragua sandinista, en el postsandinismo cleptocratico, hasta en las manos de Obama a través de “Las Venas Abiertas de América Latina”.
Galeano es a pesar de muchos un analista político lúcido que con su escritura de denuncia viene a ser la piedra en el zapato del “establishment” como en marzo pasado que visitó México y en una de sus conferencias en la Universidad Veracruzana, soltó sin mas: “El narco prospera donde hay gobiernos de derecha, es en países con regímenes de derecha en los cuales el problema ( de la droga) es más agudo o está fuera de control, obviamente estos gobiernos no están de acuerdo con la legalización porque significa acabar con el mejor negocio de los grandes bancos del mundo, que se benefician del dinero que produce el narcotráfico.”
Hablar, disertar, escribir sobre Galeano conlleva muchas horas pero para conocerle es necesario leerle para formarse una opinión propia y sin cortapisas.
Va mi bibliografía preferida sobre Galeano:
• Las venas abiertas de América Latina (1971)
• Días y noches de amor y de guerra (1978)
• Memoria del fuego (1982 - 1986)
• El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos (1986)
• El tigre azul y otros artículos (1988)
• Entrevistas y artículos (1962 - 1987) (1988)
• El libro de los abrazos (1989)
• Nosotros decimos no (1989)
• América Latina para entenderte mejor (1990)
• Ser como ellos y otros artículos (1992)
• Amares (1993)
• Las palabras andantes (1993)
• Úselo y tírelo (1994)
• El fútbol a sol y sombra (1995)
• Patas arriba: Escuela del mundo al revés (1998)
• Bocas del Tiempo (2004)
• Carta al señor futuro (2007)
• Espejos. Una historia casi universal (2008)
(VARIOS DE ESTOS TITULOS EN ARCHIVOS DIGITALES, A SUS ÓRDENES)
La bibliografía se completa con las siguientes obras:
• Los días siguientes (1963)
• China (1964)
• Guatemala, país ocupado (1967)
• Reportajes (1967)
• Los fantasmas del día del león y otros relatos (1967)
• Su majestad el fútbol (1968)
• ¡Manos arriba!
• Siete imágenes de Bolivia (1971)
• Violencia y enajenación (1971)
• Crónicas latinoamericanas (1972)
• Vagamundo (1973)
• La canción de nosotros (1975)
• Conversaciones con Raimón (1977)
• La piedra arde (1980)
• Voces de nuestro tiempo (1981)
• Aventuras de los jóvenes dioses (1984)
• Ventana sobre Sandino (1985)
• Contraseña (1985)
• La encrucijada de la biodiversidad colombiana (1986)
• Palabras: antología personal (1990)
NOSOTROS DECIMOS NO (FRAGMENTO 1988)
Nosotros decimos no al elogio del dinero y de la muerte. Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y a la gente, donde el que más tiene es el que más vale, y decimos no a un mundo que destina a las armas de guerra dos millones de dólares cada minuto, mientras cada minuto mata treinta niños por hambre o enfermedad curable. La bomba de neutrones que salva a las cosas y aniquila a la gente, es un perfecto símbolo de nuestro tiempo. Para el asesino sistema que convierte en objetivos militares a las estrellas de la noche, el ser humano no es más que un factor de producción y de consumo y un objeto de uso; el tiempo, no más que un recurso económico; y el planeta entero una fuente de renta que debe rendir hasta la última gota de su jugo. Se multiplica la pobreza para multiplicar la riqueza, y se multiplican las armas que custodian esa riqueza, riqueza de poquitos, y que mantienen a raya la pobreza de todos los demás, y también se multiplica, mientras tanto la soledad: nosotros decimos no a un sistema que no da de comer ni da de amar, que a muchos condena al hambre de comida y a muchos más al hambre de abrazos.
Decimos no a la mentira. La cultura dominante, que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal, nos invita a confundir el mundo con un supermercado o una pista de carreras, donde el prójimo puede ser una mercancía o un competidor, pero jamás un hermano. Esa mentirosa cultura, que cursimente especula con el amor humano para arrancarle plusvalía, es en realidad una cultura del desvínculo: tiene por dioses a los ganadores, los exitosos dueños del dinero y el poder, y por héroes a los uniformados rambos que les cuidan las espaldas aplicando la Doctrina de seguridad Nacional. Por lo que dice y por lo que calla, la cultura dominante miente que la pobreza de los pobres no es un resultado de la riqueza de los ricos, sino que es hija de nadie, proviene de la oreja de una cabra o de la voluntad de Dios, que hizo a los pobres perezosos y burros. De la misma manera, la humillación de unos hombres por otros no tiene porqué motivar la solidaria indignación o el escándalo, porque pertenece al orden natural de las cosas: las dictaduras latinoamericanas, pongamos por caso, forman parte de nuestra exuberante naturaleza y no del sistema imperialista del poder.
Ocurre que decimos no, y diciendo no estamos diciendo sí.
Diciendo no a las dictaduras, y no a las dictaduras disfrazadas de democracias, nosotros estamos diciendo sí a la lucha por la democracia verdadera, que a nadie negará el pan ni la palabra y que será hermosa y peligrosa como un poema de Neruda o una canción de Violeta.
Diciendo no al devastador imperio de la codicia, que tiene su centro en el norte de América, nosotros estamos diciendo sí a otra América posible, que nacerá de la más antigua de las tradiciones americanas, la tradición comunitaria: la tradición comunitaria que los indios defienden, desesperadamente, de derrota en derrota, desde hace cinco siglos.
Diciendo no a la paz sin dignidad, estamos diciendo sí al sagrado derecho de rebelión contra la injusticia y su larga historia, larga como la historia de la resistencia popular.
Diciendo no a la libertad del dinero, nosotros estamos diciendo sí a la libertad de las personas: libertad maltratada y lastimada, mil veces caída y mil veces alzada.
Diciendo no al egoísmo suicida de los poderosos, que han convertido al mundo en un vasto cuartel, nosotros estamos diciendo sí a la solidaridad humana, que nos da sentido universal y confirma la fuerza de fraternidades más poderosas que todas las fronteras con todos sus guardianes.
Y diciendo no al triste encanto del desencanto, nosotros estamos diciendo sí a la esperanza, la esperanza hambrienta y loca y amante y amada, la esperanza obstinada rompiendo la noche.
Eduardo Hughes Galeano o Eduardo Galeano como se le conoce en todo el mundo, sobretodo en el mundo social, revolucionario y contestatario.
Galeano el que no se queda callado, el que dijo: “Cuba duele”
Galeano el escritor de historias, el narrador de la historia latinoamericana.
Galeano el rescatador de la memoria secuestrada de America Latina.
Galeano el contestatario que dijo a Correa: “Me cuesta creerlo; ojalá no sea cierto”.
Galeano el exiliado, el descolonizador de la globalización.
Inicialmente Galeano no se dedicó a escribir, fue caricaturista en un semanario socialista llamado “el sol” y cada dibujo lo firmaba con el sobrenombre “Gius” que es la castellanización de su apellido gales Hughes, ya al empezar a escribir firmaba sus escritos con el apellido materno Galeano y a partir de ahì ha sido conocido así. Dicho a su manera: “Una noche de éstas, me di cuenta de que llamarme Eduardo Galeano fue, desde fines de 1959, una manera de decir: soy otro, soy un recién nacido, he nacido de nuevo.”
Galeano es su memoria del fuego, es sumirse en repasar cada una de las historias relatadas desde “Los nacimientos” pasando por “Las caras y las máscaras” hasta llegar a “El siglo del viento”, por ejemplo:
De Los nacimientos:
8 de noviembre de 1519
Tenochtitlán. La capital de los aztecas
Mudos de hermosura, los conquistadores cabalgan por la calzada. Tenochtitlán parece arrancada de las páginas de Amadís, cosas nunca oídas, ni vistas, ni aún soñadas… El sol se alza tras los volcanes, calles, acequias, templos de altas torres, se despliega y fulgura. Una multitud sale a recibir a los invasores, en silencio y sin prisa, mientras infinitas canoas abren surcos en las aguas de cobalto.
Moctezuma llega en litera, sentado en suave piel de jaguar, bajo palio de oro, perlas y plumas verdes. Los señores del reino van barriendo el suelo que pisará.
Él da la bienvenida al dios Quetzalcóatl:
—Has venido a sentarte en tu trono —le dice—. Has venido entre nubes, entre nieblas. No te veo en sueños, no estoy soñando. A tu tierra has llegado…
Los que acompañan a Quetzalcóatl reciben guirnaldas de magnolias, rosas y girasoles, collares de flores en los cuellos, en los brazos, en los pechos: la flor del escudo y la flor del corazón, la flor del buen aroma y la muy amarilla.
Quetzalcóatl nació en Extremadura y desembarcó en tierras de América con un hatillo de ropa al hombro y un par de monedas en la bolsa. Tenía diecinueve años cuando pisó las piedras del muelle de Santo Domingo y preguntó: ¿Dónde está el oro? Ahora ha cumplido treinta y cuatro y es capitán de gran ventura. Viste armadura de hierro negro y conduce un ejército de jinetes, lanceros, ballesteros, escopeteros y perros feroces. Ha prometido a sus soldados: Yo os haré, en muy breve tiempo, los más ricos hombres de cuantos jamás han pasado a las Indias.
El emperador Moctezuma, que abre las puertas de Tenochtitlán, acabará pronto. De aquí a poco será llamado mujer de los españoles y morirá por las pedradas de su gente. El joven Cuauhtémoc ocupará su sitio. Él peleará.
De Las caras y las mascaras:
19 de junio de 1867
Querétaro
Maximiliano
El ejército de Juárez y las mil guerrillas del pueblo mexicano corren a los franceses. Maximiliano, el emperador, se desploma en el barro gritando que viva México.
Al final, Napoleón II le había quitado el ejército, el papa le odiaba y los conservadores le llamaban Empeorador. Napoleón le había ordenado administrar la nueva colonia francesa, pero Maximiliano no obedecía. El papa esperaba la devolución de sus bienes terrenales, y los conservadores creían que iba a exorcizar a México del demonio liberal, pero Maximiliano, en plena guerra contra Juárez, dictaba leyes iguales a las de Juárez.
Un carruaje negro llega a Querétaro bajo la lluvia. El presidente Juárez, el vencedor de los intrusos, se asoma al ataúd abierto y sin flores, donde yace el príncipe de lánguidos ojos azules que gustaba pasear por la alameda vestido de charro, con sombrerote y lentejuelas.
Y de El siglo del viento:
2 de octubre de 1968
Ciudad de México
Los estudiantes
Los estudiantes invaden las calles. Manifestaciones así, en México jamás se han visto, tan inmensas y alegres, todos atados brazo con brazo, cantando y riendo. Los estudiantes claman contra el presidente Díaz Ordaz y sus ministros, momias con vendas y todo, y contra los demás usurpadores de aquella revolución de Zapata y Pancho Villa.
En Tlatelolco, plaza que ya fue moridero de indios y conquistadores, ocurre la encerrona. El ejército bloquea todas las salidas con tanques y ametralladoras. En el corral, prontos para el sacrificio, se apretujan los estudiantes. Cierra la trampa un muro continuo de fusiles con bayoneta calada.
Las luces de bengala, una verde, otra roja, dan la señal.
Horas después, busca su cría una mujer. Los zapatos dejan huellas de sangre en el suelo.
Ciudad de México
Revueltas
Tiene medio siglo largo, pero cada día comete el delito de ser joven. Está siempre en el centro del alboroto, disparando discursos y manifiestos. José Revueltas denuncia a los dueños del poder en México, que por irremediable odio a todo lo que palpita, crece y cambia, acaban de asesinar trescientos estudiantes en Tlatelolco:
—Los señores del gobierno están muertos. Por eso nos matan.
En México, el poder asimila o aniquila, fulmina de un abrazo o de un balazo: a los respondones que no se dejan meter en el presupuesto, los mete en la tumba o en la cárcel. El incorregible Revueltas vive preso. Rara vez no duerme en celda y entonces pasa las noches tendido en algún banco de la alameda o escritorio de la universidad. Los policías lo odian por revolucionario y los dogmáticos por libre; los beatos de izquierda no le perdonan su tendencia a las cantinas. Hace un tiempo, sus camaradas le pusieron un ángel de la guardia, para que salvara a Revueltas de toda tentación, pero el ángel terminó empeñando las alas para pagar las juergas que se corrían juntos.
Pequeña muestra de la enorme calidad y el gran compromiso de Galeano, La trilogía de Memoria del fuego fue escrita a lo largo de varios años y publicada en tres episodios, el primero, que publica en 1982, es Los nacimientos, constituye un esfuerzo de recopilación sobre los orígenes de los animales, las plantas, los dioses, las lenguas, las distintas formas de la felicidad y las desgracias de América, apoyado en abundantes referencias bibliotecarias.
El segundo episodio sale a la luz en 1984, Las caras y las máscaras, cubre los siglos XVIII y XIX. Y derrocha el mismo entusiasmo de respaldar su investigación en un gran acervo documental.
Al regreso de su exilio en España, en su casa montevideana Galeano escribe el tercer episodio de la Memoria del fuego, El siglo del viento. El siglo XX con sus tinos y desatinos, las hordas y las masas que a muchos como a él, nos hace sentirnos orgullosos de haber nacido en estas latitudes y en ese siglo, Galeano al final del libro señala: “Me siento más orgulloso que nunca de haber nacido en esta América, en esta mierda, en esta maravilla, durante el siglo del viento”.
Galeano imprescindible, como historiador, como desenmascarador de las mentiras oficiales, de los mentirosos oficiosos y fundamentalmente como un referente del hacer y el pensar, del decir y el concretar, su congruencia lo hace indispensable a la hora de indagar sobre la otra historia que no es contada en los libros, al buscar informarse sobre la realidad real que nos oculta el sistema, la máquina como él la llama; textos que ilustran lo que se oculta o muchas veces lo que no se quiere ver, todo ello con un dejo poético en sus letras.
Cronista omnipresente de los hechos trascendentes de este mundo chambón y jodido, lo mismo en el Foro Social Mundial, en Cuba con el Che, en Chiapas con Marcos, en Chile antes y después de Allende, en Caracas con Chávez, en el encuentro de escritores por la tierra, en la Nicaragua sandinista, en el postsandinismo cleptocratico, hasta en las manos de Obama a través de “Las Venas Abiertas de América Latina”.
Galeano es a pesar de muchos un analista político lúcido que con su escritura de denuncia viene a ser la piedra en el zapato del “establishment” como en marzo pasado que visitó México y en una de sus conferencias en la Universidad Veracruzana, soltó sin mas: “El narco prospera donde hay gobiernos de derecha, es en países con regímenes de derecha en los cuales el problema ( de la droga) es más agudo o está fuera de control, obviamente estos gobiernos no están de acuerdo con la legalización porque significa acabar con el mejor negocio de los grandes bancos del mundo, que se benefician del dinero que produce el narcotráfico.”
Hablar, disertar, escribir sobre Galeano conlleva muchas horas pero para conocerle es necesario leerle para formarse una opinión propia y sin cortapisas.
Va mi bibliografía preferida sobre Galeano:
• Las venas abiertas de América Latina (1971)
• Días y noches de amor y de guerra (1978)
• Memoria del fuego (1982 - 1986)
• El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos (1986)
• El tigre azul y otros artículos (1988)
• Entrevistas y artículos (1962 - 1987) (1988)
• El libro de los abrazos (1989)
• Nosotros decimos no (1989)
• América Latina para entenderte mejor (1990)
• Ser como ellos y otros artículos (1992)
• Amares (1993)
• Las palabras andantes (1993)
• Úselo y tírelo (1994)
• El fútbol a sol y sombra (1995)
• Patas arriba: Escuela del mundo al revés (1998)
• Bocas del Tiempo (2004)
• Carta al señor futuro (2007)
• Espejos. Una historia casi universal (2008)
(VARIOS DE ESTOS TITULOS EN ARCHIVOS DIGITALES, A SUS ÓRDENES)
La bibliografía se completa con las siguientes obras:
• Los días siguientes (1963)
• China (1964)
• Guatemala, país ocupado (1967)
• Reportajes (1967)
• Los fantasmas del día del león y otros relatos (1967)
• Su majestad el fútbol (1968)
• ¡Manos arriba!
• Siete imágenes de Bolivia (1971)
• Violencia y enajenación (1971)
• Crónicas latinoamericanas (1972)
• Vagamundo (1973)
• La canción de nosotros (1975)
• Conversaciones con Raimón (1977)
• La piedra arde (1980)
• Voces de nuestro tiempo (1981)
• Aventuras de los jóvenes dioses (1984)
• Ventana sobre Sandino (1985)
• Contraseña (1985)
• La encrucijada de la biodiversidad colombiana (1986)
• Palabras: antología personal (1990)
NOSOTROS DECIMOS NO (FRAGMENTO 1988)
Nosotros decimos no al elogio del dinero y de la muerte. Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y a la gente, donde el que más tiene es el que más vale, y decimos no a un mundo que destina a las armas de guerra dos millones de dólares cada minuto, mientras cada minuto mata treinta niños por hambre o enfermedad curable. La bomba de neutrones que salva a las cosas y aniquila a la gente, es un perfecto símbolo de nuestro tiempo. Para el asesino sistema que convierte en objetivos militares a las estrellas de la noche, el ser humano no es más que un factor de producción y de consumo y un objeto de uso; el tiempo, no más que un recurso económico; y el planeta entero una fuente de renta que debe rendir hasta la última gota de su jugo. Se multiplica la pobreza para multiplicar la riqueza, y se multiplican las armas que custodian esa riqueza, riqueza de poquitos, y que mantienen a raya la pobreza de todos los demás, y también se multiplica, mientras tanto la soledad: nosotros decimos no a un sistema que no da de comer ni da de amar, que a muchos condena al hambre de comida y a muchos más al hambre de abrazos.
Decimos no a la mentira. La cultura dominante, que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal, nos invita a confundir el mundo con un supermercado o una pista de carreras, donde el prójimo puede ser una mercancía o un competidor, pero jamás un hermano. Esa mentirosa cultura, que cursimente especula con el amor humano para arrancarle plusvalía, es en realidad una cultura del desvínculo: tiene por dioses a los ganadores, los exitosos dueños del dinero y el poder, y por héroes a los uniformados rambos que les cuidan las espaldas aplicando la Doctrina de seguridad Nacional. Por lo que dice y por lo que calla, la cultura dominante miente que la pobreza de los pobres no es un resultado de la riqueza de los ricos, sino que es hija de nadie, proviene de la oreja de una cabra o de la voluntad de Dios, que hizo a los pobres perezosos y burros. De la misma manera, la humillación de unos hombres por otros no tiene porqué motivar la solidaria indignación o el escándalo, porque pertenece al orden natural de las cosas: las dictaduras latinoamericanas, pongamos por caso, forman parte de nuestra exuberante naturaleza y no del sistema imperialista del poder.
Ocurre que decimos no, y diciendo no estamos diciendo sí.
Diciendo no a las dictaduras, y no a las dictaduras disfrazadas de democracias, nosotros estamos diciendo sí a la lucha por la democracia verdadera, que a nadie negará el pan ni la palabra y que será hermosa y peligrosa como un poema de Neruda o una canción de Violeta.
Diciendo no al devastador imperio de la codicia, que tiene su centro en el norte de América, nosotros estamos diciendo sí a otra América posible, que nacerá de la más antigua de las tradiciones americanas, la tradición comunitaria: la tradición comunitaria que los indios defienden, desesperadamente, de derrota en derrota, desde hace cinco siglos.
Diciendo no a la paz sin dignidad, estamos diciendo sí al sagrado derecho de rebelión contra la injusticia y su larga historia, larga como la historia de la resistencia popular.
Diciendo no a la libertad del dinero, nosotros estamos diciendo sí a la libertad de las personas: libertad maltratada y lastimada, mil veces caída y mil veces alzada.
Diciendo no al egoísmo suicida de los poderosos, que han convertido al mundo en un vasto cuartel, nosotros estamos diciendo sí a la solidaridad humana, que nos da sentido universal y confirma la fuerza de fraternidades más poderosas que todas las fronteras con todos sus guardianes.
Y diciendo no al triste encanto del desencanto, nosotros estamos diciendo sí a la esperanza, la esperanza hambrienta y loca y amante y amada, la esperanza obstinada rompiendo la noche.
martes, 1 de septiembre de 2009
7 POEMAS A 7 MUJERES DE 7 POETAS
(A CLAUDIA) EPIGRAMAS
ERNESTO CARDENAL
TE DOY, CLAUDIA, ESTOS versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti ) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.
CUÍDATE, CLAUDIA, CUANDO estés conmigo,
porque el gesto más leve cualquier palabra, un suspiro
de Claudia, el menor descuido,
tal vez un día lo examinen eruditos,
y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia, ya te lo aviso.
ESTA SERÁ MI venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.
MAÑANA (A MATILDE URRUTIA)
PABLO NERUDA
Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
Lucía
JOAN MANUEL SERRAT
Vuela esta canción
para ti, Lucía,
la más bella historia de amor
que tuve y tendré.
Es una carta de amor
que se lleva el viento
pintado en mi voz
a ninguna parte
a ningún buzón.
No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar...
Si alguna vez fui un ave de paso,
lo olvidé pa' anidar en tus brazos.
Si alguna vez fui bello y fui bueno,
fue enredado en tu cuello y tus senos.
Si alguna vez fui sabio en amores,
lo aprendí de tus labios cantores.
Si alguna vez amé,
si algún día
después de amar, amé,
fue por tu amor, Lucía,
Lucía...
Tus recuerdos son
cada día más dulces,
el olvido sólo
se llevó la mitad,
y tu sombra aún
se acuesta en mi cama
con la oscuridad,
entre mi almohada
y mi soledad.
A ELISA
Gustavo Adolfo Bécquer
Para que los leas con tus ojos grises,
para que los cantes con tu clara voz,
para que se llenen de emoción tu pecho
hice mis versos yo.
Para que encuentren en tu pecho asilo
y le des juventud, vida, calor,
tres cosas que yo no puedo darles,
hice mis versos yo.
Para hacerte gozar con mi alegría,
para que sufras tú con mi dolor,
para que sientas palpitar mi vida,
hice mis versos yo.
Para poder poner antes tus plantas
la ofrenda de mi vida y de mi amor,
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas
hice mis versos yo.
Doña Luz XVII
JAIME SABINES
Lloverás en el tiempo de lluvia,
harás calor en el verano,
harás frío en el atardecer.
Volverás a morir otras mil veces.
Florecerás cuando todo florezca.
No eres nada, nadie, madre.
De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua,
el esqueleto de las hojas en la tierra.
Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
en el corazón de los árboles la palabra amor.
No somos nada, nadie, madre.
Es inútil vivir
pero es más inútil morir.
“A la muerte de una heroína de la Patria”
en memoria de Haydée Santamaría
FINA GARCIA MARRUZ
Pónganle a la suicida una hoja en la sien,
una siempreviva en el hueco del cuello.
Cúbranla con flores, como a Ofelia.
Los que la amaron se han quedado huérfanos.
Cúbranla con la ternura de las lágrimas.
Vuélvanse rocío que refresque su duelo.
Y si la piedad de las flores no bastase
díganle al oído que todo ha sido un sueño.
Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla.
No se quede en su hora inconsolable.
Sus hechos, no vayan al olvido de la yerba.
Que sean recogidos, uno a uno,
allí donde la luz no olvida a sus guerreros.
Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla.
A FRIDA KAHLO
CARLOS PELLICER
Si en tu vientre acampó la prodigiosa
rosa de los colores, si tus senos
alimentan la tierra con morenos
víveres de espesura luminosa;
si de tu anchura maternal la rosa
nocturna de los actos nochebuenos
sacó tu propia imagen con serenos
desastres en tu cara populosa;
si tus hijos nacieron con edades
que nadie puede abastecer de horas
porque hablan soledad de eternidades,
siempre estarás sobre la tierra viva,
siempre serás motín lleno de auroras,
la heroica flor de auroras sucesivas.
ERNESTO CARDENAL
TE DOY, CLAUDIA, ESTOS versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti ) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.
CUÍDATE, CLAUDIA, CUANDO estés conmigo,
porque el gesto más leve cualquier palabra, un suspiro
de Claudia, el menor descuido,
tal vez un día lo examinen eruditos,
y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia, ya te lo aviso.
ESTA SERÁ MI venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.
MAÑANA (A MATILDE URRUTIA)
PABLO NERUDA
Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
Lucía
JOAN MANUEL SERRAT
Vuela esta canción
para ti, Lucía,
la más bella historia de amor
que tuve y tendré.
Es una carta de amor
que se lleva el viento
pintado en mi voz
a ninguna parte
a ningún buzón.
No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar...
Si alguna vez fui un ave de paso,
lo olvidé pa' anidar en tus brazos.
Si alguna vez fui bello y fui bueno,
fue enredado en tu cuello y tus senos.
Si alguna vez fui sabio en amores,
lo aprendí de tus labios cantores.
Si alguna vez amé,
si algún día
después de amar, amé,
fue por tu amor, Lucía,
Lucía...
Tus recuerdos son
cada día más dulces,
el olvido sólo
se llevó la mitad,
y tu sombra aún
se acuesta en mi cama
con la oscuridad,
entre mi almohada
y mi soledad.
A ELISA
Gustavo Adolfo Bécquer
Para que los leas con tus ojos grises,
para que los cantes con tu clara voz,
para que se llenen de emoción tu pecho
hice mis versos yo.
Para que encuentren en tu pecho asilo
y le des juventud, vida, calor,
tres cosas que yo no puedo darles,
hice mis versos yo.
Para hacerte gozar con mi alegría,
para que sufras tú con mi dolor,
para que sientas palpitar mi vida,
hice mis versos yo.
Para poder poner antes tus plantas
la ofrenda de mi vida y de mi amor,
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas
hice mis versos yo.
Doña Luz XVII
JAIME SABINES
Lloverás en el tiempo de lluvia,
harás calor en el verano,
harás frío en el atardecer.
Volverás a morir otras mil veces.
Florecerás cuando todo florezca.
No eres nada, nadie, madre.
De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua,
el esqueleto de las hojas en la tierra.
Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
en el corazón de los árboles la palabra amor.
No somos nada, nadie, madre.
Es inútil vivir
pero es más inútil morir.
“A la muerte de una heroína de la Patria”
en memoria de Haydée Santamaría
FINA GARCIA MARRUZ
Pónganle a la suicida una hoja en la sien,
una siempreviva en el hueco del cuello.
Cúbranla con flores, como a Ofelia.
Los que la amaron se han quedado huérfanos.
Cúbranla con la ternura de las lágrimas.
Vuélvanse rocío que refresque su duelo.
Y si la piedad de las flores no bastase
díganle al oído que todo ha sido un sueño.
Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla.
No se quede en su hora inconsolable.
Sus hechos, no vayan al olvido de la yerba.
Que sean recogidos, uno a uno,
allí donde la luz no olvida a sus guerreros.
Ríndanle honores como a una valiente
que perdió sólo su última batalla.
A FRIDA KAHLO
CARLOS PELLICER
Si en tu vientre acampó la prodigiosa
rosa de los colores, si tus senos
alimentan la tierra con morenos
víveres de espesura luminosa;
si de tu anchura maternal la rosa
nocturna de los actos nochebuenos
sacó tu propia imagen con serenos
desastres en tu cara populosa;
si tus hijos nacieron con edades
que nadie puede abastecer de horas
porque hablan soledad de eternidades,
siempre estarás sobre la tierra viva,
siempre serás motín lleno de auroras,
la heroica flor de auroras sucesivas.
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